Portada del libro electrónico Amor a primera resaca, de Eusebio Matas

Amor a primera resaca

Una comedia enemies to lovers en español con humor y química: treinta días para salvar un cine de barrio sin enamorarse del enemigo

Lee el comienzo
Publicado
Páginas
440
Idioma
Español
Categoría
Novelas › Romance

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Sinopsis

Si buscas un romance enemies to lovers que te haga reír a carcajadas y suspirar en la misma página, esta comedia romántica es para ti. Inés Ferrer tiene tres normas: no besar a un desconocido, no fiarse de nadie que trabaje para una inmobiliaria y no enamorarse del tipo equivocado. La noche que rompe la primera despierta con resaca, un mensaje de voz comprometedor y la certeza de que Bruno Llorente la detesta. Él tiene su versión: Inés le robó una oportunidad profesional y convirtió su peor noche en una anécdota pública. Seis meses después, a Bruno le encargan cerrar el cine de barrio que Inés intenta salvar. Tendrán treinta días para trabajar juntos, fingir que mantienen las distancias y no mencionar aquel beso que ninguno quiere recordar. Entre reuniones tensas, mensajes enviados a la persona equivocada y mentiras piadosas, descubrirán que los malentendidos también pueden tener química. ¿Qué leer si te encantan las series romance enemies to lovers y quieres algo con más risa que drama? Esta historia mezcla la tensión de un enemies to lovers romance drama con diálogos chispeantes, protagonistas adultos y un corazón tierno bajo las pullas. Es de esos libros enemies to lovers en español que se leen de una sentada, con el ritmo de una buena comedia de cine. Cuando salga a la luz lo que pasó aquella noche, deberán elegir entre tener razón o arriesgarse a quererse sin excusas. Abre el libro y descubre por qué la persona que más te saca de quicio puede ser la que mejor te entiende.

Lee el comienzo

Del capítulo «La resaca tiene memoria»

El Aurora cobraba la entrada de una película infantil y olía como si estuviera a punto de declararse en quiebra: palomitas recalentadas, lluvia vieja y café quemado.

A las diez menos cuarto levanté la persiana del vestíbulo con una mano y sujeté con la otra el cubo de pintura que se desprendía del marco. El metal subió dando tres golpes secos. En la plaza, los puestos del mercado recogían las lonas mojadas y una mujer empujaba un carrito de bebé con la determinación de quien ha escogido una batalla sencilla para no pensar en las demás. Nuestro cartel de la sesión infantil se despegaba por una esquina.

Lo alisé con cinta adhesiva.

—No te muevas —le dije.

La princesa dibujada con rotulador tenía un ojo más grande que el otro y parecía juzgarme.

Dentro, las luces del vestíbulo parpadearon con el retraso que Jacobo llamaba «intermitencia tolerable» y yo llamaba «el Aurora intentando comunicarse con el más allá». Al fondo, las butacas de la sala uno crujieron cuando alguien probó una fila. Todavía no había abierto la taquilla, así que solo podía ser Jacobo o una rata con criterio cinematográfico.

Dejé el bolso detrás del mostrador y saqué el cuaderno de cuentas. Las páginas tenían manchas de café de tres semanas distintas. En la columna de ingresos de la sesión de las doce, el número cuatro parecía una broma privada del universo.

Cuatro entradas vendidas.

La película era una reposición de animación con un dragón verde, dos princesas y una canción que llevaba diecisiete años persiguiéndome por los centros comerciales. La habíamos alquilado por un precio que Elvira describió como «un atraco con factura», aunque incluía los derechos de exhibición, el transporte y una plataforma de reservas que se caía cada vez que alguien intentaba pagar con tarjeta.

Para cubrir los gastos de la semana necesitábamos cincuenta y dos entradas.

Cincuenta y dos niños con adultos, abuelos, hermanos pequeños, padres separados y algún tío que hubiera perdido una apuesta.

Abrí la taquilla y encendí el ordenador. La pantalla tardó en decidir si quería arrancar. […]