Portada del libro electrónico La Chica Que No Existe, de Eusebio M. del Norte

La Chica Que No Existe

Misterio juvenil tras una desaparición: secretos, pistas y giros hasta descubrir la verdad

Por Eusebio M. del Norte

Sinopsis

La chica que no existe empieza con una ausencia imposible de ignorar: no llegó al lunes y nadie parece dispuesto a explicar por qué. Mientras sus amigos reconstruyen las últimas horas, cada mensaje, recuerdo y contradicción abre una nueva pregunta. Lo que parecía una simple desaparición pronto se convierte en un misterio que afecta a todo el grupo. A través de una narración cercana y llena de tensión, acompañarás a sus protagonistas en una búsqueda contra reloj. Encontrarás pistas ocultas, secretos incómodos y giros que cambian la historia, en una novela pensada para quienes disfrutan del thriller juvenil y del suspense adolescente. Si llegaste buscando una historia como <i>la chica que se llevaron</i>, o consultando <i>la chica que se llevaron amazon</i> y <i>la chica que se llevaron opiniones</i>, aquí descubrirás una trama original sobre la amistad, la confianza y el miedo a no conocer realmente a quienes te rodean. ¿Qué ocurrió antes de que faltara a clase? ¿Quién está diciendo la verdad? La respuesta se esconde entre versiones enfrentadas y decisiones cada vez más arriesgadas. Leerás con la sensación de que cualquier personaje puede estar ocultando algo y terminarás mirando de otra manera las apariencias, los rumores y tus propias certezas. Ideal para lectores de 13 a 17 años que buscan un misterio juvenil adictivo, emocionante y fácil de devorar. Abre el libro y descubre qué pasó realmente.

Lee el comienzo

Del capítulo «El boli rojo»

El lunes la silla de Iris estaba donde siempre: junto a la ventana, el chicle pegado debajo que ella juraba que no era suyo. Lo que faltaba era todo lo demás. La mochila con las chapas. El olor a mandarina en Historia, aunque estaba prohibido. Su voz diciendo «spoiler» antes de cualquier tontería. Teo se dio la vuelta en el pupitre tres veces antes de las nueve y cuarto, como si al moverse pudiera encontrarla.

—A ver, a ver —dijo Teo con la voz que intenta ser broma y se le queda corta—. Se habrá dormido. La gente se duerme. Yo me duermo todos los días.

—Tú no cuentas —contestó Sabela sin apartar la vista del cuaderno. Subrayó una línea con la misma precisión que pone un tornillo en su sitio.

Yo no dije nada. Había mandado once mensajes desde el domingo y ninguno estaba leído. Me mordía la piel del pulgar hasta que dolía y escondía la mano bajo la mesa, como quien guarda una llave que teme perder. En los bolsillos del anorak, unas arandelas y un par de tornillos tintineaban cuando movía la pierna. El anorak me quedaba grande; lo heredé de mi padre y me pesaba más por costumbre que por abrigo.

La clase olía a tiza mojada y a crema de manos. Fuera, la niebla del río colgaba baja, y el faro parpadeaba cada cuatro segundos: uno, dos, tres, cuatro; ahí estaba, ahí no estaba. Iris lo contaba en voz baja para que nos rigiéramos por eso, por un ritmo que nos hiciera creer que alguien sabía cuándo volver. En la silla de al lado, el chicle brillaba pegado por el borde, un testigo que no podía mentir.

La puerta se abrió sin aviso. Paso de tacón, olor a lavadora y poliéster. Amparo Liste entró sin saludar; tenía el bolígrafo rojo sobresaliendo del bolsillo del cárdigan y las gafas empujadas en la cabeza. No pidió permiso. Lo suyo no era entrar, era ocupar el espacio como quien coloca un sello.

—Buenos días —dijo, y ya tenía la libreta de clase en la mano. […]

Índice

  1. El boli rojo
  2. Lejía y vainilla
  3. Los inviernos de Iris Lago
  4. Una hora por detrás
  5. Ollo con ese
  6. Chapas de sitios que no existen
  7. Trescientos cuarenta euros
  8. As Gaivotas
  9. Forzada desde fuera
  10. Llaveros de colores
  11. El aviso
  12. Los libros prestados
  13. Escribe bonito
  14. Dublín
  15. Dejad de buscarme
  16. Mirador do Miño
  17. La callada
  18. Pasadores
  19. La guarda pegada
  20. Nadie tiene esa cara
  21. Cuatro segundos
  22. Un nombre en la lista